Substituyendo el azúcar por sacarina, los amigos por los libros, el sueño por el insomnio, las tardes por instantes de reflexión, las clases por pasatiempos, el frio por crêppes de Nutella, los compañeros por ayuda, el patinar por llegar a tiempo en bici, y a ti, a ti por nada.
Si el reflexionar no está de moda, es simplemente porque no estoy en la moda. Porqué hoy, no voy a reflexionar yo. Voy a intentar que ¡tú! intentes reflexionar =)
Sentado en la silla de mi habitación, con un personajillo de madera que nunca deja de bailar ballet, un plumier con pirañas y una guitarra acostada en mi cama. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Ya toca dormir. Al día siguiente igual. Y al otro, y al otro, y así caigo en el solitario bucle de tedio diario, atemporal y extenso.
Entonces, me acuerdo de Paula, de Eli, de Eva, de Nerea, de Xavi, de Laia y Mireia, de Estela, y los demás. Son ellos. Mis amigos. Están lejos, bueno, en realidad estoy yo lejos, y aunque algunos puedan pensar que da igual quién de quién porque es equidistante, yo pienso lo contrario, el que está lejos soy yo.
Me es difícil hacer mi vida aquí sin ellos. No tengo un “qué hacer” aquí. Ni un con quién ir. Ni un con quién compartir mis momentos de más profunda soledad interior.
Por eso disfruto tanto lo días compartidos, los momentos vividos, los abrazos simbióticos, las miradas penetrantes y tu tan suave piel. Y por eso, ansío más, pero entiendo y respeto.
Entonces, vuelve a llegar el lunes, y con él, el personajillo que nunca deja de bailar, las pirañas en un mar finito y la guitarra acostada.




